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Cartas al Directorio

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Las cartas publicadas en esta sección no necesariamente representan la visión de la asociación y solo pretenden aportar a enriquecer la discusión y difundir inquietudes de nuestra industria.

EXCEDENTES VITIVINICOLAS

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En la vitivinicultura chilena no se producen grandes novedades a través del tiempo, lo que ocurrió hace más de 100 años vuelve a repetirse y los viticultores se encuentran otra vez con la misma piedra.

Si hurgamos en nuestra historia vitivinícola nos encontramos con los mismos problemas que aparecen recurrentes tras pequeños lapsos, se puede citar una publicación del Diario El Mercurio de 1919, época en que se producían 400 millones de litros de vino y el consumo interno alcanzaba a la mitad de esa cifra.

La solución que se recomendaba para eliminar los excedentes pasaba por favorecer la exportación, reemplazar los viñedos por olivares, etc. para enfrentar la situación se creó el 4 de junio de 1919 la “Liga de Defensa Vitícola”, la cual quedó formada por ilustres vitivinicultores de la época, los que se comprometían a influir ante los poderes públicos, para obtener que las medidas que se dictaran, pusieran a cubierto de la eventualidades a los capitales invertidos en la industria vitícola.

Posteriormente en 1933 el “Sindicato Nacional Vitivinícola”, organismo gremial de los vitivinicultores de esos años, publicaba y hacía referencia a las crisis de sobreproducción de los años 1909, 1910, 1918, 1920, 1923,1926,1927 y 1931.

Luego de lo anterior en 1938, se intervino fuertemente la producción y la libertad de plantación con medidas que hoy son inconstitucionales, que muchos en el presente añoran, sin embargo a pesar de ellas hubo varias crisis posteriores, lo que llevó que en 1979 se promulgara una nueva Ley de alcoholes, que eliminó los controles y limitaciones. Posteriormente en 1982 se volvió a hablar de crisis y como la más aguda de los 15 años anteriores.

En el 2006, los viticultores chilenos protestaron por los bajos precios de la uva, situación que también ocurría en otros países del mundo, como Francia, donde los viticultores alzaron su voz, cortaron caminos, vaciaron camiones con vino de origen español.

Recientemente en la revista “El Campo” del Mercurio apareció: “El duro informe que remece la industria del vino”, donde se hace mención a que “La Cofradía del Vino, organismo que reúne a 70 líderes del sector, denuncia un sobre stock de 200 millones de litros anuales”, igual situación que en 1919, pronosticando además un excedente de 400 millones de litros para la vendimia 2014.

El mundo cambia y los problemas se mantienen. Esa es la realidad a la que nos enfrentamos cada vez que tropezamos con el mismo problema de hace cinco, diez y hasta veinticinco años. El tiempo pasa y los hombres siguen asumiendo actitudes asombrosamente similares, de manera que ante situaciones comparables, reaccionan de forma casi idéntica y, por consiguiente, previsible. (Godet Michael).

En un mercado libre, donde actúa la mano invisible de la oferta y la demanda, se debe tomar en cuenta que el consumo del vino es inelástico, es decir que las cantidades globales no aumentan cuando se bajan los precios, todo excedente coyuntural se traduce en una mala venta, un aumento de stock y una baja de los precios. Algunos reaccionan produciendo más para compensar los bajos precios, pero entra a regir la Ley de King, que se puede resumir como sigue: “Más allá de una cierta cantidad producida, todo crecimiento de la oferta se traduce en una caída de las utilidades superior al alza de las cantidades vendidas”.

¿A quienes afecta más una recesión?

Los productores no se ven afectados todos de igual forma, la capacidad de resistir a las crisis es diferente para los viticultores que sólo viven de la viña, de los que no tienen deudas, o los que no tienen la factibilidad de efectuar policultivos.

Hay otros viticultores a tiempo completo, que han hecho grandes inversiones, cambiando los cepajes, modernizando los cultivos, los que son más golpeados por el látigo.

Los inversionistas que aparecen como modelo de dinamismo económico, que siguiendo las recomendaciones de los consejeros agrícolas y del Estado, son lanzados tras una política de calidad para el viñedo y la bodega e incluso comienzan a invertir en la comercialización, son de hecho los más frágiles y los más afectados, donde la disminución de las entradas hace crecer el endeudamiento.

La regulación del mercado vitícola ha sido siempre un ejercicio delicado y nunca ha producido los resultados que se han planificado.

Según Robert Amalric: “La producción vitícola no es un río largo y tranquilo, donde el equilibrio entre la oferta y la demanda oscila sólo a voluntad de las inclemencias del tiempo, siendo la madre naturaleza la única que regula el mercado”.

Todos los viticultores del mundo no quieren o no querrían encontrarse en una situación de producciones excedentarias, donde la búsqueda de culpables no soluciona nada, a mi juicio la posible mejoría vendría del estudio de los aportes potenciales de una gestión prospectiva.

Etimológicamente prospectiva viene de la palabra prospectus, que significa “Mirar hacia adelante”. Esencialmente nos permite visualizar el futuro y actuar en el presente.

La prospectiva no pretende adivinar la ocurrencia de un hecho (bueno o malo) sino que busca reducir notablemente la incertidumbre en torno a su ocurrencia, dándonos luces sobre las acciones que se deben tomar en el presente. De cara al futuro, los hombres pueden escoger entre cuatro actitudes fundamentales: sufrir el cambio (pasividad), actuar con urgencia (la reactividad), prepararse para los cambios previsibles (la preactividad) y, por último, actuar para provocar los cambios deseados (la proactividad). (Michael Godet.)

Obviamente, la prospectiva aporta un camino organizado, metodológico, progresivo para adoptar las dos últimas actitudes, en particular, la proactiva.

La prospectiva, por lo tanto, no sólo pretende de conocer el futuro de manera anticipada, sino fundamentalmente diseñarlo y construirlo colectivamente en forma participativa. Además, la prospectiva no concibe el futuro como realidad única, sino como realidad múltiple; considerando que existen “futuribles” o futuros posibles, tal como lo planteara Bertrand de Jouvenel.

La prospectiva apoya la decisión sobre realidades, descritas como posibles, sobre los cuales los actores tendrán deliberadamente un poder. Esto explica por qué la disciplina prospectiva conoce una predilección creciente en diferentes dominios, donde la incertidumbre crece proporcionalmente al aumento de los riesgos en el mundo, donde el hombre no sabe como enfrenar los acontecimientos.

Por lo tanto creo conveniente recomenzar nuestra prospectiva vitivinícola, que ya se trabajó en 1998 a través de la Consultora Marketview dirigida por Pablo Naranjo, a requerimiento de Prochile, para formular un plan estratégico con proyección a 5 años, el cual dejó varias lecciones que se han olvidado, por lo tanto debemos mirar al futuro para actuar en el presente y no enfrentar el futuro con los criterios del pasado.

Víctor Costa Barros
Septiembre 2013

LA FALSA PEDRO JIMENEZ

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Existen concluyentes investigaciones universitarias que determinan la falsedad de las inscripciones en el catastro del SAG de este cepaje. Las 3.000 hectáreas plantadas en la zona pisquera NO SON PEDRO JIMENEZ. !!!!! Están fuera de del decreto 464 de la Denominación de Origen. ¡!!

Le corresponde al SAG exigir la enmienda a los productores para que la reeinscriban en el catastro con el nombre de Pedro Gimenez. Esta variedad tendrá que continuar su frondosa, engañosa y abundante vida en el arrabal genérico.

En cuanto a la “trasformación” de estos caldos con ayuda de “diestros contadores y vinificadores”, quisiera abuenarme con Fernando Herrera.

Las mencionadas “destrezas” transformadoras no guardaban relación con los “nortinos”. Éstas son de grandiosos emprendedores del Maipo, de O´Higgins, del Maule…..

Continuemos aclarando las malas y las buenas prácticas en beneficio de nuestro amado vino y nuestra querida enología. Sigamos apreciándonos como colegas aunque tengamos que discrepar a ratos.

Klaus Schröder
Ing.Enólogo
Registro Nº 165

LA FALSA PEDRO JIMÉNEZ

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Como todos sabemos esta variedad aparece en el Decreto Nº 464: Zonificación Vitícola y Denominación de Origen.

Esta variedad originaria de Andalucia produce un vino blanco de calidad usada para la producción de Jerez. Los rendimientos fluctuan alrededor de 10-12.000 kg por hectarea.


En Chile esta variedad practicamente no esta presente (existen algo así como siete (7) hectareas)!!!.


Intrépidos viñateros de la zona pisquera llevan plantando algo mas de 3.000 ha. de otra variedad denominada Pedro Gimenez (con G de GATO) . Es otra variedad totalmente distinta – sin D.O. - y que no tiene ningun parentezco ampelográfico con la Pedro Jiménez (con J. de Jerez).


HASTA AQUÍ ESTÁ TODO CLARO LIMPIO Y TRANSPARENTE.


¿ Adonde esta lo falso?. ¿Adonde esta el problema?. :

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En respuesta a la carta de Klauss Schroder de la falsa Pedro Jimenes

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Estimados colegas enólogos: He quedado ingratamente sorprendido por la carta que se publica en la sección “cartas al Directorio”, del colega Klaus Schroder, que él titula “La Falsa Pedro Jiménez”; en ella no solo entrega datos equivocados sino que, lo más sorprendente y, a mi juicio censurable, es que, en forma muy liviana, asigna intenciones perversas a los viticultores y profesionales de la industria pisquera que, al igual que muchos productores vitícolas y profesionales de otras zonas tratan de hacer su trabajo de la mejor forma posible y sujeto a normas éticas que, al final del día, les permita mirar de frente a su gente y al mundo que lo rodea y con el que se relaciona comercialmente. Haciendo abstracción de mi cargo de Gerente de la Asociación de Productores de Pisco, voy a responder a Klaus a título individual, como colega enólogo que ambos somos:

Cuando Klaus señala que: “nuestros intrépidos nortinos inscribieron – falsamente – estas tres mil y tantas hectáreas en el SAG como Pedro Jiménez (con J de Jerez)” (sic), está haciendo un juicio de valor al atribuir una intención de engañar de estos nortinos que, por supuesto, deben ser productores de uvas; de igual forma comete una ofensa gratuita a estos productores cuando señala: “se ha rumoreado que existen diestros contadores aliados con diestros vinificadores que logran beneficiosas transformaciones” (sic).

Como conozco a Klaus y lo sé un hombre bien intencionado, voy a esperar que entregue a estos productores y profesionales del rubro, las explicaciones que creo que se merecen por estas expresiones que, por ahora, llamaremos un “exabrupto”; sin embargo, para que no quede una idea equivocada sobre el tema mismo, entrego a continuación algunos detalles al respecto, que pueden ayudar a los lectores (y al propio Klaus) a informarse con mayor propiedad:

En primer lugar, la variedad llamada Pedro Jiménez (con J) no estaba en el listado de variedades pisqueras indicadas en el decreto 595 del año 1963; sí estaba la variedad Sultanina que, por cierto era un error tenerla, por no ser una variedad adecuada al propósito. El SAG de la época (creado en 1965), que era la institución pública plenipotenciaria en lo que se refería a la Denominación de Origen Pisco, consideró esta situación y autorizó (Resolución N° 1652 del año 1979) su reemplazo por una variedad, de nombre Pedro Jiménez, que estaba presente en la zona y se utilizaba para la producción de vinos y que, al parecer, había llegado desde la zona de Mendoza (R.A.), al igual que la Moscatel de Austria, ya por varios años introducida en la zona y considerada como pisquera. (Recordemos que en esos tiempos la movilidad de cepas no era tan controlada como lo es actualmente). De esta forma, no creo que en el SAG y en los productores haya existido la más mínima intención de confundir con el nombre de una variedad española que, lejos, no significaba nada para los productores y consumidores e incluso, se escribía con X (Ximenez). Su carácter neutro, le daba cabida en las uvas para pisco por cuanto permitía y permite hacer una buena mezcla para dosificar mejor un carácter aromático, tan necesario hoy día para satisfacer los diferentes gustos de los consumidores de pisco, que adhieren a la mayor versatilidad del producto actual. Consecuencia de ésto es que la variedad Pedro Jiménez, la pisquera, tiene hoy día una amplia distribución y aceptación por los productores de uva pisquera y, porqué no decirlo, por los productores de vino de la zona central que cada año vienen a la zona a buscarla, no por su homonimia con la española, sino porque, objetivamente (tasting de enólogos) , es un vino muy adecuado para ellos; en cuanto al Pisco, no parece necesario insistir en su condición para el propósito y desmentir lo señalado en cuanto a su calidad. Tal es así que la propia industria pisquera, a través de la Asociación de Productores de Pisco, con el apoyo financiero del FIA y con la dirección del INIA, acaba de terminar un proyecto de tres años, ejecutado por la Facultad de Agronomía de la PUC, en el cual, uno de los aspectos solicitados, entre otros, fue formular un esquema de certificación para los piscos sobre la base de las variedades participantes y, de este trabajo, que al parecer conoció Klaus porque es público, se desprende que pudiera existir confusión en cuanto al nombre de la variedad pisquera; ante ésto, se llegó a formular un segundo proyecto, ya de carácter público, con el financiamiento CORFO y con la participación de INIA y CEAZA, en el cual se aborda, desde un punto de vista genético, las características de nuestra Pedro Jiménez, de manera de conocerla mejor y, si fuera el caso, redenominarla ya que, de ninguna manera, podría ser eliminada por cuanto ya pertenece a la estructura del viñedo pisquero como lo que es y no por su nombre. Les aprovecho de informar que la misma situación se está analizando para Moscatel de Austria y otras moscateles señaladas en el decreto 521, que reglamenta la producción de piscos.

Por último, las cifras que entrega Klaus están muy lejos de ser una realidad: 200 millones de litros es mucho más de lo que, en total produce toda la industria pisquera, que muele, en sus mejores años, entre 220 y 230 millones de kilos de uvas y destina a pisco el 50% de esta producción de vinos, con lo cual su excedente en vinos, en total, no alcanza a los 90 millones incluyendo todas las variedades pisqueras y, seguramente, con mayor proporción de Pedro Jiménez, por la preferencia de los propios compradores.

Fernando Herrera Henríquez
Ingeniero Agrónomo Enólogo r.e. 110

La Serena, 7 de Junio de 2013

Plan Estratégico 2020 Mercado internacional: ¿Mito o realidad?

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La industria del vino chileno se ha planteado un gran desafío para alcanzar el año 2020 unas exportaciones de vino que lleve a Chile a recibir US$ 3.000 millones por ese concepto, alcanzando un precio promedio de más de US$ 35 por caja lo que equivale sobre 700 millones de litros, que sumados a los 17 litros per cápita de consumo que las mismas autoridades se han propuesto para ese año y proyectando, según las estadísticas solo a 18.2 millones de habitantes en nuestro país en el año 2020, se alcanza a 309 millones de litros que sumados a las exportaciones de vinos a granel y otros envases, estimadas en 250 millones, nos da una suma sobre los 1.250 millones de litros de vinos, cifra que en la actualidad los viñedos no pueden producir, ya que según el Servicio Agrícola y Ganadero solo existen hoy día alrededor de 125 mil hectáreas que no pueden entregar el total de los vinos de la calidad deseada.

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